Abrazo, sostengo y suelto

Abrazo, sostengo y suelto

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ué gusto me da escribir esta columna!
Más allá de generar un espacio de autoreflexión, de transformación social o de análisis consciente sobre la realidad. Si pudieran imaginar la paz interior que genera en mi vida escribir. No es descriptible en palabras, por lo que voy a tratar de narrarla como si estuvieramos tomando un cafecito junto a algo o alguien, para darle un toque más íntimo.

A diario somos presa de la rapidez, de los objetivos de la empresa o de nuestros sueños personales. Hasta que de pronto, la vida nos sorprende: perdemos a un ser querido, nos corren de nuestro trabajo, enferma nuestra mejor amiga, nos las pega el novio (a la novia), se muda del país un amigo, fallece nuestro hijo perruno… algo tiene que pasar, cuando necesitamos con urgencia, despertar e iluminar nuestra oscuridad, porque no es ese evento oscuro, sino la rutina del día a día la que nos opaca, esa adicción que no podemos detener solo con buena voluntad, ese dolor que nos arrebata las ganas, ese preciso instante en el que nuestra habitación se ilumina y todo sale a la luz.

Hace unos años que el término autogestión afloró de una sesión sicológica, como un autodescubrimiento, como una terapia que no necesita pago en efectivo, sino una autoinversión. Y no era muy claro al inicio; y es que, cuando duele, todo deja de ser tan claro. Pero como nada pasa por casualidad, llevo rato siguiendo en redes sociales a una persona que motiva este tipo de transformación, quien sugiere que los seres humanos debemos: “abrazar y sostener” esas situaciones que nos incomodan, que nos drenan, que nos tocan los sentimientos; pues afirma que solo nosotros somos capaces de superar esos episodios de vida, sin que luego se conviertan en vacíos que tratamos de llenar con estímulos o más de lo mismo que nos cae mal a la salud. Repitiendo patrones enfermizos. Leer Mas…


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