Ideas básicas para vivir de forma sostenible

por Lyhelis
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H

ola mis queridas y queridos lectores,

Hace ya 3 meses me aventuré a cambiar mi estilo de vida, ha sido todo un reto, mucho más cuando estaba acostumbrada a un modelo consumista, en donde el “darme el gusto”, porque “me lo merezco” había sido de mis frases más utilizadas; Y aunque no son de mis frases favoritas, cierto es que me servían de justificación para dispensarme esos gastos en cosas que no necesitaba, pero que sí se me antojaban.

El primer cambio fue reconocer “mi realidad”, algo así como esa comedia romántica que hemos visto más de 1 vez: “The Ugly Truth”, (O en español: “La Cruda Verdad”). Y es ahora que entiendo el profundo significado de esa simple línea que usamos como refrán de vez en vez, “la verdad no es para todos”. He de reconocer que la realidad golpea de una vez, dejándonos abierta una herida por donde deben entrar la consciencia y la humildad a nuestra vida.

En ese proceso -que aun llevo a cabo-, entendí que era urgente hacer de mi vida un modelo de acción sustentable, que me permitiera cubrir mis necesidades actuales, sin comprometer los recursos de las generaciones venideras; empezando por eliminar el exceso, romper los patrones de consumo tradicionales, permitiéndome cubrir mis necesidades, sin tener que acudir a gustos y gastos recreados como un bálsamo que nos alivia el dolor de lo que vivimos en la realidad.

No ha sido fácil, y en ese ir y venir, subir y bajar, me he dado cuenta que la sostenibilidad puede aplicarse en nuestra vida diaria, sin llevarnos al límite de la locura claro, siempre en armonía. Y es curioso, porque después de 7 años de vivir sola, de alimentar mi hogar desde mi propio deseo de crecimiento personal, me encuentro en otro país, compartiendo apartamento con alguien, que a pesar de ser alguien a quien admiro mucho, no deja de ser una persona más en un espacio de 80 metros cuadrados… ¡ya no me acordaba lo que era la convivencia!

Y es a través de la convivencia que he logrado aplicar varias de estas prácticas que intencionalmente, luego de análisis y puesta en acción, he logrado conceptualizar como sostenible dentro del hogar, lideradas por y hacia el individuo, generadoras de mayor competitividad en la gestión interna del día a día en casa.

Entre las decisiones tomadas intencionalmente, te detallo 9 que me han cambiado la vida:

1. Decidir tener un “roommate” y definir un presupuesto en conjunto, en mi caso, él tiene experiencia en administración, yo ¡no! Así que eso facilitó el proceso, rápidamente logramos identificar nuestros gastos fijos (renta y luz) y los variables (alimentación y transporte), entre otros. Si bien es cierto, la alimentación es un gasto fijo, el monto invertido será variable en la dimensión en la que vos elijas qué y cómo comer.

Nos dimos cuenta que una pizza representa aproximadamente $23 dólares; suma de dinero con la que podemos ir al mercado y comprar vegetales, hasta para una semana.

2. En este particular, de las primeras cosas que les recomiendo es identificar el mercadito más cercano. Fácilmente podrán encontrar a un 30% menos el costo de los vegetales, las verduras y las frutas. En algunos casos, encontrarán incluso puestos de venta de otro tipo de perecederos, como el huevo o pan artesanal. (Siempre ir con los ojos abiertos para cuidar la higiene del producto). Dejemos para el super solo aquellas cosas específicas que no encontramos en el mercado.

Comprar en un mercadito nos garantiza varios factores claves, entre ellos:

a. Beneficiar al agricultor y estimular la cadena de valor. Comprar productos nacionales, siempre será más beneficioso para el comerciante local, y para nosotros, pues evitamos pagarle un monto de distribución al canal de ventas.

b. Encontrar los productos más frescos, recién cultivados. Siempre será mejor un mango al natural, que comprarlo congelado en trocitos.

c. Es importante hacer una listita de las cosas que deseas comprar y ceñirte a ella, llevar en la cartera lo justo para comprar, según lo presupuestado. El ahorro es tangible al comprar local, pues en los puestos el vendedor no incurre en el gasto de luz, aire acondicionado, ni de importación; hay menos actores en la cadena de valor.

3. Evita al máximo volver a hacer compras si aún hay productos consumibles en el refrigerador. Y esto parecerá algo tonto, porque si no me apetece comer tomates y solo hay tomates, pues debería ir y abastecerme, para tener opciones con las que pueda alimentarme. Sin embargo, así es como se pierde la comida.

Volvámonos creativos, decidamos cocinar con lo que tenemos, eso despertará nuestro sistema nervioso y nos pondrá modo: INNOVACIÓN, pues inventaremos nuevas recetas, con el fin de ahorrar y utilizar la comida que tenemos a su máxima expresión. Es decir, mientras tengamos comida, no necesitamos comprar nada. Y si necesitamos ir de compras, recordemos llevar nuestra bolsa de tela.

4. Es una realidad que es necesario comprar enceres de limpieza, sí, lamentablemente de esos que llevan químicos. Entre ellos incluidos los repelentes de mosquito, las veladoras o los spray para el aseo. Nosotros hemos optado por tomarnos un tiempo y LEER para qué sirven; con lo que encontramos un solo producto multiuso para limpiar diversas superficies y otro para lavar la ropa, 2 en 1. De esa manera gastamos y contaminamos menos el medio ambiente.

5. Con respecto al uso de la energía eléctrica, consideramos que:

a. Vivimos en un micro clima amigable, pero con cambios bruscos de temperatura, por lo que, en vez de tener un abanico o aire acondicionado, procuramos tener las áreas ventiladas. Si hace frío, cerramos las ventanas; si hace calor, abrimos las ventanas. Así de básico. Evitando ocupar aparatos eléctricos. (Siempre y cuando el clima y medio ambiente nos lo siga permitiendo).

b. Cargamos la computadora y trabajamos con la batería, esto mantiene en funcionamiento la batería evitando que se ligue o sufra de alguna descarga eléctrica, y a su vez, ahorramos en el consumo de energía.

c. Entre los cambios está el uso de cocina eléctrica, a diferencia de la cocina de gas, esta se abastece de energía, lo que incrementa el consumo en el recibo de luz. Por lo que hemos coordinado cocinar los alimentos en el mismo momento la mayoría del tiempo, es decir, uno de los dos se hará desayuno, pues con el mismo tiempo de uso de la electricidad, se cocina para 2.

d. Si estamos en el área del comedor, y no hay nadie más en casa, todo lo demás está desconectado y apagado. Desconectamos las regletas, los cargadores del cel y la línea blanca, excepto la refrigeradora, pues intentamos y el proceso de “descongelamiento”, además de dañar los alimentos, genera más energía al volverle a conectar el equipo.

6. Si respecto al agua se trata, tenemos 2 medidas interesantes qué compartir:

a. Los trastes se van lavando paulatinamente, sin embargo, luego de cada comida estos se enjuagan primero, se enjabonan de una vez -mientras tenemos el chorro de agua cerrado- y hasta después a baja intensidad se les quita el jabón.

b. Si bien es cierto, los servicios básicos están incluidos en la renta -excepto la luz-, cada uno al tomar la ducha, procura hacerlo con consciencia, cerrando el grifo al enjabonarse, esto nos permitirá ahorrar decenas de litros de agua.

c. Regamos las pocas plantitas que tenemos con un pichel, para evitar utilizar la manguera.

7. Descubrí que tengo más ropa de la que verdaderamente utilizo, por lo que, decidí intencionalmente regalar todo aquello en buen estado y quedarme únicamente con lo que verdaderamente ocupo. He vendido una parte, a precios muy simbólicos, una blusa 3 dólares, un vestido nuevo 10 dólares (sí, nuevo, hace 3 años que lo tengo… ¡se imaginan!)

De esta forma, obtengo un retorno y apoyo a otros que necesitan abrigarse y que no tienen acceso a invertir en ropa. Por cierto, la ropa se lava 1 vez a la semana y se plancha 1 vez cada mes y medio.

8. Decidimos utilizar bolsas de tela y evitar las típicas bolsas de plástico. Así como cargar siempre un termo para agua, de esta manera evitamos comprar agua embotellada, eso ayuda a nuestras finanzas y al medio ambiente al no generar más desechos contaminantes.

9. De los cambios más radicales que hemos experimentado, ha sido el iniciar a transportarnos: a pie, en autobús o en Uber, obviamente ha representado un ahorro del 100% en el consumo de gasolina y sé que he dejado de emitir y crear mi huella de carbono al tomar esta decisión, aportando de manera directa hacia la sostenibilidad.

No les puedo negar que ha sido difícil en algunos casos y divertido en otros el tema de la búsqueda de la sostenibilidad, desde mi propia vida, para sentirme capaz de dar el ejemplo sobre algo que predico con mucha pasión. La principal barrera es la mental, uno de los factores más difíciles de sobrellevar al implementar estrategias de Responsabilidad Social o de Desarrollo Sostenible es precisamente la falta de sensibilización y conocimiento del tema, por lo que la gente suele verlo como un gasto, una iniciativa de publicidad o un acto de filantropía, restándole su verdadero impacto.

Esto tan básico, aplicado a mi día a día, es la prueba de que la sostenibilidad es una forma de ahorrar y medir impacto en tu entorno, un modelo de innovación y economía individual aplicable desde y para el ser humano. Decreciendo nuestro consumo cotidiano, ordenadamente, garantizaremos el cuidado de los recursos necesarios para el futuro. Entiéndase por ahorro, hacer buen uso de los recursos, no está ligado al ahorro como escases, ni como pasar situaciones precarias o limitantes.

Debo confesar que me ayudó mucho un blog que hablaba del “minimalismo” y lo divino que es la sensación de andar ligera por el mundo, cargando menos bienes materiales y recargándote de armonía a cada paso por la vida. Esto me recordó la frase: “SER más que TENER”. Así que, aquí me tienen, viviendo un nuevo estilo de vida, en honor a una vida que aporta a los ejes de la sostenibilidad: económico, social y medioambiental.

Y Vos, ¿Cuándo te sumas?

 

La autora es proyectista, consultora y especialista en

responsabilidad social y desarrollo sostenible.

 

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1 comentario

Emery septiembre 4, 2019 - 12:36 pm

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