¿Beneficio de la duda o Voto de Confianza?

por Lyhelis
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n algun momento de mi vida, siendo docente universitaria, tuve la oportunidad de compartir con jóvenes de quinto año de su carrera, con muchos sueños personales. El primer día de clases, les dije que esto era como una cuenta bancaria, que desde ese momento yo les había hecho un depósito a cada uno de 100 dólares, en honor a su “excelencia”, que de ellos –como equipo- iba a depender el conservar ese monto de dinero.

En aquel momento, hice lo que me hubiera gustado a mí que hicieran mis docentes, les dí un “voto de confianza”. No les conocía, no sabía nada de ellos(as), no podía emitir juicios sobre su desempeño como alumnos, pero sí podía (por pura decisión y sentido común), pensar que si estaban en quinto año de su carrera, era porque tenían calidad y disciplina, no por un acto de suerte.

En efecto, ese acto desinteresado, hizo que los más inquietos participaran asertivamente, que los menos aplicados se pusieran las pilas y que los amantes del estudio se solidarizaran con los que tenían mayores dificultades con la academia. Si una extraña en ese momento, había creído en ellos, como ellos -que llevaban años compartiendo-, no iban a creer en sí mismos.

Y es que en la vida tenemos la oportunidad de construir o destruir con nuestro propio actuar, pensamos que dar el “beneficio de la duda” es lo mejor que podemos hacerle a alguien, sin embargo, la duda genera cuestionamientos, miedos y distancias; dudar es bueno en la medida en la que fortalece nuestro criterio personal, pero ¿qué tan bueno puede ser para construir una relación?

Conozco parejas que basan sus relaciones en el beneficio de la duda, en las segundas oportunidades que llevan consigo inseguridad, porque en realidad, estan esperando que él o ella la vuelvan a embarrar. Y no puedo asegurarles que eso no va a ocurrir, pero sí puedo compartirles (por experiencia propia), que se genera más valor agregado en la vida de un tercero cuando le hacés saber que confias en él, que creés en su buena voluntad, que apostas por su cambio, pero que éste debe ser personal, no por el compromiso con uno.

Quizás dar un voto de confianza habla más de nosotros mismos, que de quién se beneficie de el, la confianza tiene como sinónimos palabras como esperanza, seguridad; y es que la asertividad de ésta palabra nos llena de la capacidad de lograr lo que nos propongamos, incluso sin saber cómo va a ocurrir.

Valga aclarar, que si iniciamos dando una esperanza (sea la relación que sea) y en el camino valoramos que no está teniendo el resultado que anhelamos, que nos pone en peligro o que no nos suma, pues será momento de cambiar el chip y empezar a ver las cosas desde la otra acera, es decir, desde la duda; dándonos el beneficio de cuestionar y decidir en base a lo que resulta mejor para cada uno(a), desde su individualidad.

¡Brindar un voto de confianza, es en sí mismo, un acto fe!

¿Estas lista(o) para creer?

 

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