Estrategia para el Cambio

por Lyhelis
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C

uando tenía 21 años y me senté por primera vez con una psicóloga, abordamos en la terapia la necesidad de cambios personales, de cambios de visión y de cambios en mis actitudes; Recuerdo como si fuese ayer, que me puse a llorar, y que le pregunté: ¿Para qué cambiar si yo me siento bien así? Luego de un par de sesiones, me dí cuenta que estaba inmersa en una burbuja, donde la sobreprotección, el merecimiento y el sentimiento de culpa eran una constante, por lo que comencé a cuestionármelo todo y a crearme criterio propio.

Más de 13 años después, soy yo quien de pronto siento que algo no anda marchando bien y empiezo el auto-diálogo, hasta llegar a ese tan valioso auto-diagnótico, en el que te das cuenta que algo debe cambiar, para bien. A ver, ¿Cuántas veces nos hemos repetido mentalmente quiero cambiar “esto” o “aquello”? ¿Cuántas veces tenemos la intención en la cabeza, pero no la ponemos en acción? ¿Cuántas veces nos regañamos por seguir jugando roles que no nos corresponden? Y decimos que vamos a cambiarlo, pero en la rutina del día a día se olvida el querer, se pierde la intención y se desecha el autoregaño.

Hace poco en uno de los workshop que lideré, se me pedía que enfatizara la temática hacia la toma de consciencia personal y la importancia del cambio en nuestro estilo de vida, por lo que se me ocurrió que abonado a las primeras sesiones de “auto-conocimiento”, “auto-diálogo” y “auto-gestión”, era necesario facilitarles una estrategia para el cambio; es decir, obsequiarles una herramienta con la que pudieran aterrizar sus intenciones y visualizar su vida como el proyecto más importante a desarrollar.

Empezamos aplicando un diagnóstico individual, con algunas actividades lúdicas y una herramienta digital, logramos identificar rápidamente como estaban los y las participantes, era obvio que había una dualidad entre su vida profesional y su vida personal, situación que afectaba la eficiencia y el compromiso con la organización para la cual laboraban.

Continuamos con el workshop llevándoles de la mano para que pudieran elaborar un breve análisis de riesgo de su propias circunstancias de vida, en el que establecían las 5 áreas más importantes en las que estan involucrados(as), entre ellas: familia, trabajo, su persona, amistades, academia. Cuando lograron ver los riesgos a los que estaban expuestos en cada área, pudieron identificar posibles oportunidades de mejor; en su mayoría, requerían cambios de actitud, más que de otra cosa.

Al tener más claro el panorama, les facilité una tabla que se dividía en componentes, cada uno representaba un cambio urgente a ejecutar, cada componente tenía actividades específicas a desarrollar para lograr su meta, detalle del tiempo en el que la cumplirían e indicadores que medirían los resultados esperados de esas acciones; al final, también les agregué una columna de premios por sus logros, como un importante estímulo en pro de su crecimiento personal.

Yo estoy convencida que para lograr un cambio se requiere de pasitos pequeños, de mover horarios, respetar nuestros compromisos, recordar el objetivo deseado y estimularnos con la visión de a dónde queremos llegar con esa meta inicial.

Por ejemplo, cuando se es emprendedor, es casi un requisito tener muy claro el propósito de para qué estas enfocando toda tu energía en ese reto profesional, pues pasarás de trabajar 8 horas base al día, a aproximadamente unas 12 ó 16 horas, con la incertidumbre de cómo pagarás los gastos operativos al cierre de mes, si al cliente no termina de gustarle la oferta técnica. Es decir, si el dinero te distrae, abrás perdido el objetivo fundamental que anhelabas cuando iniciaste tu negocio; es importante recordar qué valor agregado generarás a tu entorno, con tu producto o servicio.

Es importante ver la vida tal cual es, como el proyecto más importante que cada uno tiene; en la medida que reconozcas esto, podrás tratarlo y evaluarlo como tal, las estrategias no han sido creadas para llenar de papeles los escritorios, sino para guiarnos en el camino a seguir, enfocados hacia resultados específicos, con los objetivos claro. Esto aplica para el trabajo y para la vida misma, si tu estilo de vida aun no te genera momentos constantes de paz y felicidad, quizás sea momento de replantearte una estrategia para el cambio.

 

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