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Quien dijo que ser leal tenía que ser un sacrificio?, Sientes que “sin querer”, eres leal a tu familia y estas perpetuando el mensaje y los patrones de tus antepasados. ¿Y si has tomado conciencia, y tu presente no te permite ser tan leal? ¿Es malo? ¿Te hace sentir incómodo(a) o mal hijo(a)? ¡Pues no! Nadie dijo que debemos ser leales a costumbres que no nos gustan, incluso si estás son “buenas costumbres”, si a vos no te nace o no te hacen feliz, pues simplemente debés escuchar a tu instinto y decirte “sí” a vos mismo(a).
La vida esta llena de cambios constantes, de revoluciones personales y de crisis que, si no te has revolucionado ya, pues te darán un empujoncito para que “eso” que necesitás ocurra. La palabra “lealtad”, significa en sí misma: fidelidad, compromiso y respeto; no solo los cachorros son leales con sus amos, también los seres humanos debemos serlo con nuestra palabra, no se necesita una posición de poder que nos fuerce a ser leales. ¿Alguna vez has pensado ser leal a vos mismo?
¿Cuál es tu propósito? ¿Qué le da sentido a tu vida? Y si todo lo que conocíamos, descubrieramos que no es lo que necesitamos. ¿Qué tan leales seguiríamos siendo? La historia de tus padres, el patrón de las mujeres en tu familia, la perpetuidad de tus raíces (de generación en generación). ¿Te imaginás? Por acción o reacción, por causa o efecto, por instinto o certidumbre, por la razón irracional que lo motive, estamos acostumbrados a seguir patrones que en el mero punto de equilibrio de nuestras vidas empiezan a romperse.
Relaciones que nunca han sido un conflicto, ese día especial e importante, tras un discurso, una conversación o un momento de silencio, se quiebran, se agrietan, se transforman. En ese preciso momento en el que nuestra escencia deja de oler igual y nos venimos a dar cuenta que la fragancia que utilizamos ya no va con nuestro ph corporal. Las señales estan ahí, aunque no querramos verlas. Como dice el especialista y gurú en responsabilidad social, Italo Pizzolante: “Son tan obvias que las obviamos”.
Y no quiero obviar nada más, precisamente, éste texto nace de un período de reflexión en el que compartí con madres y padres de familia, que exponen situaciones que pasan en su núcleo familiar muy similares entre sí, es decir, casi todos expresan que viven problemas de comunicación, falta de afecto, miedos, violencia, abuso (emocional, verbal o físico), necesidades económicas, es decir, de todo un poco pero en grandes cantidades. Y luego, sus hijos exponen en otra sesión que quieren dejar de actuar igual a sus padres, pero que es difícil, que no pueden lidiar con las relaciones interpersonales en sus hogares, que no saben como hablarle a sus padres o a sus propios hijos(as), que no hay confianza, mucho menos complicidad o respeto.
En particular, quiero disrumpir, ante tanta claridad de los hechos, en la que la historia a marcado esas situaciones conductuales con tanto aínco, de verdad, ¿no es posible ser desleal, romper el patrón, ser diferentes, cambiar? Reconocer que el cambio es una necesidad y que nada nos obliga a ser leales a un cúmulo de creencias o costumbres poco sanas y nada amorosas.
¡Quizás si despertamos, si logramos darnos cuenta, podremos decodificar nuestra historia y